"Utopía" (Historia III: Socialismo utópico-Socialismo Segunda parte)

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"Utopía" (Historia III: Socialismo utópico-Socialismo Segunda parte)

Mensaje por sofiabio el Lun Dic 07, 2009 8:06 am

La expresión «socialismo utópico» designa un conjunto heterogéneo de doctrinas de reforma social, previas al auge del marxismo y el anarquismo, que surgieron a comienzos del siglo XIX como respuesta a los serios problemas que acarreaba el triunfo del industrialismo y el liberalismo en Europa.

Los representantes más destacados de esta corriente son Robert Owen en Inglaterra, y Henri de Saint-Simon(Cuyas sinópsis biográficas pueden verse en Socialismo Primera parte), Charles Fourier y Étienne Cabet en Francia. Algunos rasgos comunes se pueden encontrar también en las corrientes insurreccionalistas de Graco Babeuf(Sinópsis biográfica editada en Socialismo Primera parte), Filippo Buonarroti y Auguste Blanqui.

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François Maria Charles Fourier

(Besanzón, 7 de abril de 1772 – París, 10 de octubre de 1837) fue un socialista francés de la primera parte del siglo XIX y uno de los padres del cooperativismo.

Fourier fue un mordaz crítico de la economía y el capitalismo de su época. Adversario de la industrialización, de la civilización urbana, del liberalismo y de la familia basada en el matrimonio y la monogamia. Sin embargo, el carácter jovial con que Fourier hace algunas de sus críticas hace de él uno de los grandes satíricos de todos los tiempos.

Propuso la creación de unas unidades de producción y consumo, las falanges o falansterios basadas en un cooperativismo integral y autosuficiente así como en la libre persecución de lo que llamaba pasiones individuales y de su desarrollo; lo cual construiría un estado que llamaba armonía.

En esta forma anticipa la línea de socialismo libertario dentro del movimiento socialista pero también líneas criticas de la moral burguesa y patriarcal basadas en la Familia nuclear y en la moralidad cristiana restrictiva del deseo y el placer y por ende en parte al psicoanálisis.1 Así pues, el siglo XX encontró interés en las perspectivas libertarias de cuasi-hedonismo como las de Herbert Marcuse y su freudomarxismo, o las de André Breton, líder del movimiento surrealista. Asimismo usó en 1837 la palabra féminisme;2 y ya en 1808 argumentaba abiertamente en favor de la igualdad de genero entre hombres y mujeres.

Seguidores de sus ideas establecieron comunidades intencionales como La Reunión en Texas, EEUU y La Falange Norteamericana, en Nueva Jersey, EE.UU. a mediados del siglo XIX.

Crítica de la "civilización"

Fourier parte de una critica a las posiciones que justifican y perpetúan el sufrimiento humano como es el caso del cristianismo, del conservadurismo o del nihilismo. Así pues en el cristianismo esta la imagen del pecado original. "Fourier encarna un singular momento del pensamiento occidental; lleva la critica de la religion, elaborada por el movimiento filosófico, hasta consecuencias últimas y logicas, hasta el rechazo de la moral familiar y de la jerarquía social tradicional y todo ello en un momento en que la reacción post-revolucionaria estaba en todo su apogeo e iba a por muhco tiempo buena parte de las conquistas intelectuales del siglo XVIII.

En esta línea argumentativa ubicaba la palabra civilización la cual siempre usaba en forma peyorativa. Denunciaba a la civilización como la forma social contemporánea que había que superar. En esta forma Fourier trascendía el economicismo de gran parte del pensamiento socialista de ese entonces y posterior. Así pues no solo criticaba las estructuras económicas del capitalismo sino la moral entera de la sociedad contemporánea y las costumbres.

Las pasiones y el libre desarrollo de la personalidad

Fourier afirmaba que las pasiones son impulsos y necesidades que pueden ser desarrolladas. Contra los críticos que afirmaban que un desenfreno irracional de las pasiones podía ser algo potencialmente suicida, Fourier advertía que un completo abandono a estas sólo podía realizarse en armonía y en hacerlo en civilización es peligroso. Así mismo contra los críticos que decían que las pasiones pueden ser también destructivas de los otros o malignas, él decidió hacer una tendencia de pasiones o instancias pasionales armónicas y otras subversivas. Las primeras cuando se realizan no hieren a otros o hasta les puede ayudar a realizarse, las segundas pueden herir a otros o limitarlos.

Fourier afirmaba que en la restricción actual que crea envidia y escasez de oportunidades de autorealización se tiende irremediablemente hacia el conflicto. En un estado de libre expresión de la personalidad y de superación de esta escasez el conflicto irremediablemente se reduce sino se elimina. Por otro lado él propone un esquema en el cual habrían unas pasiones "distributivas" que eliminan el conflicto y también evitan el aburrimiento.

El cooperativismo como alternativa.

"No sacrifiquen la felicidad de hoy a la felicidad futura. Disfruten del momento, eviten toda unión de matrimonio o de interés que no satisfaga vuestras pasiones desde el mismo instante. ¿Por qué van a luchar por la felicidad futura, si ella sobrepasará vuestros deseos, y no tendrán en el orden combinado más que un solo displacer, el de no poder doblar la longitud de los días, a fin de dar abasto al inmenso círculo de goces que deberán recorrer."

C. Fourier,“Aviso a los civilizados respecto a la próxima metamorfosis social

Ante ese panorama Fourier planteaba una alternativa cooperativista. Si se permitiera a los individuos realizar libremente sus inclinaciones o pasiones se produciría un estado de equilibrio entre todos, o como lo llamó, armonía. Fourier aseguraba en base a esa tesis que era posible establecer una sociedad justa, para lo cual propuso la fundación de falansterios (Comunidades); los beneficios obtenidos serían repartidos entre los miembros de la falange y los capitalistas que hubieran aportado dinero para su construcción. Quizás la cooperativa más famosa que impulsó fue la Coopérative des bijoutiers en Doré. Fourier pretendía convencer a los capitalistas para que proporcionaran los recursos necesarios para la construcción de Falansterios, pero ninguno de ellos aceptó su propuesta.

Etienne Cabet

Etienne Cabet (1788-1856), fue un filosofo, teórico político francés y socialista utópico. Fue el fundador del movimiento icariano, llevó a un grupo de emigrantes a fundar una nueva sociedad en los Estados Unidos.

Nació en Dijon, estudió derecho. Fue contrario a los Borbones y se le prohibió ejercer de abogado. Vistos los fracasos insurrecionales cree necesaria otra vía. Fue favorable a la revolución de 1830 pero después se mostró contrario a la monarquía liberal orleanista a raíz de la represión contra los obreros.

Publica periódicos antigubernamentales. Al volver de un nuevo exilio se definió como comunista demócrata con la voluntad de unir muchos sectores (obreros, socialistas, burgueses..). También publicó 4 volúmenes sobre la Revolución francesa.

Publica “Viaje a Icaria”, donde describe una utopía comunista en el futuro en frente del presente capitalista (1842). Será un libro que llegará a toda Europa, muy influyente. Formula una primera imagen del comunismo.

Gran panfletista, pero de poca importancia política. Compra tierras en Texas para poner en práctica sus ideas. Fracasa. Tampoco tiene éxito en sucesivos intentos durante 10 años.

Era un comunista-demócrata. Para Cabet la democracia completa era el comunismo. No hace falta una revolución sino que se llega al comunismo por propio convencimiento. No quiere violencia ni lucha de la clase obrera sino un proceso “predicando con el ejemplo” para convencer a la gente. Quiere eliminar la propiedad privada y el dinero.

Sus colonias no influyeron mucho, pero sus panfletos y sus conceptos sobre la igualdad natural y de resultados y su idea de un mundo sin dinero sí que tuvieron resonancia.

Filippo Giuseppe Maria Ludovico Buonarroti

Filippo Giuseppe Maria Ludovico Buonarroti, también llamado Philippe o Filippo Buonarroti, nacido el 11 de noviembre de 1761 en Pisa (Toscana) y muerto el 16 de septiembre de 1837 en París, fue un político que actuó en la Revolución Francesa junto a Graco Babeuf y más tarde animó diversas sociedades secretas en Bélgica y Francia.

Nació en Pisa, en el seno de una familia de patricios toscanos descendientes de un hermano del escultor Miguel Ángel Buonarrotti. A los 17 años inició sus estudios de derecho, obteniendo el título de abogado a los 20 años, y fue seguidor de las enseñanzas de los filósofos Sarti y Lampredi, que lo inician en los escritos de Rousseau, Locke, Gabriel Bonnot de Mably, Helvetius y Morelly.

Repartiendo su tiempo entre las discusiones filosóficas, la colaboración con sociedades secretas, la asistencia a reuniones de la masonería y la redacción de panfletos, pronto se opone al régimen de Leopoldo, gran duque de Toscana. Se afilia al grupo Iluminados de Baviera, seguidores de las ideas de Rousseau, y publica en 1787 una Gazetta Universale progresista y favorable a los sucesos revolucionarios de Holanda, lo que le vale ser vigilado por la policía.

Revolución Francesa

En 1789 se entusiasma por los sucesos de Francia y se dirige a Córcega en noviembre, para propagar las ideas revolucionarias. Considerando que la isla es un reservorio de formas primitivas de comunitarismo y de igualitarismo agrarios, se interesa en el régimen de propiedad, particularmente en las propiedades comunales. Redacta en italiano un diario titulado Giornale Patriotico di Corsica y se transforma al poco tiempo en uno de los administradores de los bienes nacionalizados del clero.

En junio de 1791, los partidarios de Pascal Paoli se sublevan y expulsan a Buonarrotti a Livorno, donde quedará encarcelado. Gracias a la intervención de la Asamblea Constituyente ante Leopoldo II, es liberado y vuelve a Córcega, donde pide la nacionalidad francesa. En marzo, el gran duque de Toscana incauta sus bienes.

Nombrado comisario nacional frente al tribunal de distrito de la Corte en 1792, se vincula con los Bonaparte y se opone a Pascal Paoli. Obligado a pasar a Francia después de la victoria de los paolistas en mayo de 1793, se presenta ante la Convención para denunciar el espíritu “federalista” del departamento.

Igualmente presenta un pedido para que los habitantes de la Isla de San Pedro sigan vinculados a Francia. Gracias a la intervención de Robespierre, que lo aprecia y de quien Buonarrotti es seguidor, obtiene la ciudadanía francesa y es enviado a Córcega como comisario del poder ejecutivo.

Sin embargo, las insurrecciones federalistas en el sudeste le impiden cumplir su misión (junio a octubre de 1793). Realiza entonces diversas misiones en el sur de Francia. En abril de 1794 es nombrado agente nacional general para los territorios conquistados en la región de Piamonte, al este de Menton.

Durante once meses, desde abril de 1794 a marzo de 1795, intenta hacer del antiguo principado de Oneglia, pequeño puerto piamontés sobre la costa ligur, un refugio para los patriotas italianos y un modelo de república. Su tarea principal consiste en desarrollar el propagandismo revolucionario.

Detenido en Menton por “robespierrista” en marzo de 1795, es encerrado en la prisión Du Plessis, en París, donde conoce a Graco Babeuf. Entre los dos elaboran una doctrina comunista. Una vez en libertad, Buonarrotti se encuentra entre los fundadores del Club del Panteón, del cual será presidente un tiempo y defensor de las ideas de Babeuf.

El cierre del club por el Directorio disuade a Buonarrotti de seguir a las tropas francesas a Italia. Se reúne con el "Directorio Secreto de Salud Pública", constituido por Babeuf el 30 de marzo de 1796, y se transforma con él en el principal teórico de la llamada “conspiración de los Iguales”. Denunciados por una infiltración policial, son arrestados el 10 de mayo de 1796. Juzgados ante la Corte Suprema de Vendome, Babeuf es condenado a muerte el 25 de mayo de 1797 y Buonarrotti a la deportación.

Su pena es conmutada por la detención, y pasará largos años en prisión: en Cherburgo hasta abril de 1800; luego, gracias a la indulgencia de Lucien Bonaparte, en la isla de Oleron, donde ejerce las funciones de maestro de escuela; finalmente, en Sospel, en los Alpes Marítimos, de 1803 a 1806. Allí contacta a Pierre-Joseph Briot, revolucionario y miembro de la Carbonería, en el rito del Gran Alejandro de la Confianza, movimiento que servirá para la constitución de la carbonería en Italia.

En 1806, Fouché, que protege a los antiguos babuvistas, obtiene para él el derecho de instalarse en Ginebra. Con la ayuda del hermano de Marat, Buonarrotti retoma entonces una actividad revolucionaria clandestina. En 1808 participa en la fundación de la logia masónica Los Sublimes Maestros Perfectos. En 1812 participa en la conspiración del general Malet. Su papel en las sociedades secretas le vale ser expulsado de la ciudad dos veces: en 1813-1814 y en 1823.

Restauración

Instalado en Bruselas tras la caída de Napoleón, vuelve a vincularse con viejos convencionales, como Vadier o Barère. En 1828 publica Conspiration pour l’Egalité, dite de Babeuf (Conspiración por la Igualdad, llamada de Babeuf), que tendrá una enorme repercusión en el público francés, ya que la abortada insurrección babuvista había sido borrada de la memoria histórica. El libro llegará a ser una “biblia” de los grupos conspirativos franceses de todo el siglo XIX, en especial por los seguidores de Auguste Blanqui, y Buonarrotti pasará a ser recordado como el antepasado más importante de los revolucionarios “profesionales”.

En París desde 1830, funda diversas logias masónicas y llega a ser un miembro activo de la Carbonería. Siendo uno de los principales motorizadores de los grupos revolucionarios clandestinos de los años 1830, interviene en la Société des Droits de l’Homme (Sociedad de los Derechos del Hombre). Juega un papel destacado en la formación política de François Raspail, Louis Blanc y Auguste Blanqui. Detenido por última vez a los 72 años, en octubre de 1833, muere ciego y en la miseria en 1837.

Louis Auguste Blanqui

Louis Auguste Blanqui (1805-1881), fue un activista político revolucionario y socialista francés que organizó el movimiento estudiantil parisino, y luchó en primer lugar por la instauración de la república contra la monarquía y en favor del comunismo. Sus escritos influenciaron su país de manera decisiva durante el siglo XIX.

Su entrega absoluta a los movimientos revolucionarios que gestó, su ejemplo personal, sus ideales defendidos con "las armas en la mano" y su activo liderazgo inspiraron el blanquismo, la corriente revolucionaria que fue uno de los referentes ideológicos y militantes de la Francia en que vivió.

Un revolucionario

Es el mejor ejemplo de un burgués que renuncia a todo por seguir una causa revolucionaria que en el plano personal sólo le atraería desgracias. Propugnó la revuelta armada para tomar el poder, organizó a estudiantes para que formarán parte del ala intelectual de la revolución al servicio del comunismo, internacionalizó y divulgó los propósitos revolucionarios por medio del [periodismo], y atrajo la atención de los dirigentes socialistas de Europa.

Representa a la perfección al mártir laico del comunismo, pues a pesar de ser hijo de un funcionario público de mediana importancia y de haber cursado estudios universitarios, renuncia a un futuro prometedor, para convertir en realidad la visión que tenía de la sociedad, sin importarle que buena parte de su vida transcurriera en prisión ni que sufriera todo tipo de persecuciones y desengaños. Son conocidas las traiciones por parte de aquellos que lo siguieron durante sus años más aciagos, y que después, aprovechándose de su debilidad, lo excluyeron del reconocimiento que a pulso se había ganado durante su vida.

Blanqui fue, sin lugar a dudas, el gran centro de gravedad en torno al cual gravitó la intelectualidad estudiantil francesa del siglo XIX, tal y como lo dice Karl Kaurdi:

"Encontraba más aceptación entre los intelectuales, especialmente los estudiantes, que entre los obreros"

Nadie, ni antes ni después, logró imitar, siquiera a la distancia, el poderoso influjo de Blanqui entre el estudiantado. Hasta antes de que este hombre irrumpiera en el escenario francés, los estudiantes participaban en movimientos estudiantiles idealistas marcados por la brecha generacional, de manera que en cuanto cambiaba el cuadrante del cual soplaba el viento político del momento, los estudiantes desaparecían como factor de influencia.

Sin embargo, el blanquismo atrapó en la militancia permanente, intelectual y beligerante, al estudiantado francés durante casi todo el siglo XIX.

Como un dato corroboratorio del atractivo que ejercía sobre la intelectualidad de su tiempo, debe admirarse la calidad de sus seguidores. En este plano, apenas constituyó la "Sociedad central republicana", de inmediato se afiliaron a ella Charles Pierre Baudelaire, Charles Bernard Renouvier, Charles Augustin Sainte-Beuve y Leconte de Lisle .

A pesar de que Louis Auguste Blanqui fue hecho prisionero durante el período de tiempo en que ocurrieron los hechos conocidos como la Comuna de París, para nadie fue un secreto que el gran animador y la influencia dominante en ella fue la de Blanqui a través de sus seguidores, en particular por la firmeza e irreductibilidad del blanquismo.

Al respecto dice Friedrich Engels:

"Educados en la escuela de la conspiración y unidos por la disciplina estricta que es inherente a ella, partían del punto de vista de que un número relativamente pequeño de hombres resueltos y bien organizados podía, en circunstancias favorables, no sólo apoderarse del timón del estado, sino también, mediante un despliegue de intensa y despiadada energía, mantenerse en el poder el tiempo necesario para lograr que las masas participaran en la revolución... Ello implicaba por sobre todo, la más estricta centralización dictatorial"

Uno de los más entusiasmados seguidores de este dinámico e inagotable revolucionario lo fue Karl Marx, quien es el gran divulgador de la Comuna. Con seguridad nadie ha hecho más que el pensador alemán para exaltar este movimiento radical y sin embargo, tampoco nadie hizo tanto para diluir e incluso hacer olvidar a Blanqui como su gestor. Pasado algún tiempo de la Comuna, Marx reflexionó:

"Con un poco de sentido común, sin embargo podía haber obtenido de Versalles algún pacto beneficioso para el pueblo, que era lo único que podía aspirarse en esa época".

La prudencia de Karl Marx contrasta con la proclama de los estudiantes parisinos de 1968, que rindieron un tributo insospechado al pensamiento y a la obcecación revolucionaria de Louis Auguste Blanqui, con su lapidaria frase:

"¡Seamos realistas, ¡pidamos lo imposible!".

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Re: "Utopía" (Historia III: Socialismo utópico-Socialismo Segunda parte)

Mensaje por Jaques Niccolo el Lun Dic 07, 2009 2:50 pm

Abajo Saint-Simon !!!
Abajo el darwinismo social !!!

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Re: "Utopía" (Historia III: Socialismo utópico-Socialismo Segunda parte)

Mensaje por sofiabio el Mar Dic 08, 2009 11:17 am

Yo no tomo partido Jaques apenas si informo.

¡Je!
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